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FERNANDO BOTERO. Homenaje en su 90 cumpleaños

20/04/2022 - 07/05/2022
Homenaje a Fernando Botero Del 19 de abril al 7 de mayo 2022 La galería Fernando Pradilla inaugura la exposición homenaje al artista colombiano Fernando Botero (Medellín, 1932) con motivo de su noventa cumpleaños. Artista versátil y de gran reconocimiento internacional, ha desarrollado un extenso repertorio en su dilatada trayectoria, iniciada en los años cuarenta del siglo pasado. Pintor, escultor y dibujante, ha consolidado un lenguaje que se ha convertido en iconografía universal. Fernando Castro Flórez, reconocido crítico y curador de arte contemporáneo, ha comisariado esta exposición, realizando la selección de más de una veintena de obras de diferentes periodos de Botero. Para Castro Flórez este aniversario es “sin ningún género de dudas, un momento oportuno para rendir homenaje a este artista excepcional.” Para la exposición Homenaje a Fernando Botero, Castro Flórez ha escrito esta nota de prensa: En una conversación con Juan Cruz en 2019, Botero recordó que en su familia no había algo así como una tradición artística: “No sé por qué empecé a dibujar toros, paisajes, naturalezas muertas, por qué vino la gente a mis cuadros... Lo cierto es que a los 19 años yo quería ser pintor. Y mi madre me dejó. A los 19 ya hice la primera exposición y lo vendí todo. Lo primero que hice verdaderamente boteriano fue una mandolina. Me atrajo la amplitud y la generosidad del trazo exterior de su cuerpo y la pequeñez de la boca. Esa obra fue mi punto de partida. Figuras grandes y pequeños objetos al lado. Tardé 15 años en hacer lo que se llama un botero de principio a fin, pero fue insistiendo en la misma idea y en el mismo universo. La madurez del estilo depende del trabajo, toma mucho tiempo. Y ahí vinieron los personajes, los boteros. No tenía influencias visibles, había coherencia, resultado de una obsesión que parte de la mandolina”. En los cuadros, dibujos y esculturas que se presentan en la Galería Fernando Pradilla en esta muestra de abril del 2022 sigue sonando esa música simpática tan característica de Botero. Desde obras maestras como La carta (2018) a su visión de Courbet en el campo (2018), de unas figuras de Carnaval (2016), en las que encontramos un cambio de escalas tremendo, hasta una apetitosa sandía en Naturaleza muerta con espejo (2003), de una escultura en mármol de una Mano, realizada en 2005 y una Mujer de pie con fruta (2011) a un hermoso Florero (2002), podemos recorrer las temáticas habituales de Botero. En las acuarelas que ha realizado recientemente vemos una familia o una pareja, el baile o unos músicos, dos borrachos y un hombre fumando, una mujer oronda que se peina desnuda ante un pequeño espejo o incluso a Adán y Eva dispuestos a comer del árbol “pecaminoso”. Un dibujo a tinta de 1981 nos muestra Botero de espaldas dibujando una naturaleza muerta, con las frutas enormes y la guitarra desproporcionada. Esa realidad exuberante confirma que, como el mismo Botero dice, “el destino del arte, sobre el dolor o la belleza, es procurar el placer estético”. Fernando Pradilla organizó su primera exposición en el colegio con sesenta obras de Fernando Botero en 1973 cuando era un adolescente; desde entonces no ha dejado de tener relación con este artista que es, en todos los sentidos, un clásico-contemporáneo. En los cincuenta años de actividad de este galerista siempre ha mantenido su admiración hacia el gran artista colombiano, exponiéndole en Colombia, en España, en Nueva York y en numerosas ferias de arte por todo el mundo. Sin ningún género de dudas, Botero es el creador crucial para Fernando Pradilla, un referente incomparable al que rinde el más sentido homenaje. Botero es una figura referencial tanto del arte latinoamericano cuanto una figura crucial de la escena artística internacional. Tremendamente popular, dotado de un estilo propio, con un dominio técnico que le ha llevado a realizar magníficas pinturas, esculturas y dibujos. Las últimas acuarelas que ha realizado y que se exponen en la galería de Fernando Pradilla demuestran que no ha perdido ni su brillantez ni su honda pasión. Más allá de las modas efímeras y de los discursos críptico-“curatoriales”, Botero ha sido fiel a su imaginación y ha materializado aquella sugerencia de Stendhal según la cual la belleza puede ser una promesa de felicidad. Incluso en este tiempo desquiciado, cuando la catástrofe nos rodea, necesitamos un arte que ofrezca un mínimo de esperanza. Botero, con modestia y lucidez advierte que “afortunadamente la pintura es inagotable y nunca uno tiene la impresión de que ya aprendió a pintar”. Desde hace décadas no deja de regalarnos un mundo idealizado, unos sueños con cuerpos de imponente presencia, sugiriendo que tal vez podríamos conseguir eso tan raro que llamamos “vida buena”.