Boletín

ESPACIO PROYECTOS FERNANDO PRADILLA

Muestra Colectiva
“Fotografía Iberoamericana Contemporánea”

Del 3 de mayo al 11 de septiembre de 2010

El Espacio Proyectos de la Galería Fernando Pradilla exhibe la muestra colectiva “Fotografía Iberoamericana Contemporánea” que agrupa la obra de emergentes y reconocidos fotógrafos internacionales como Albano Afonso (Brasil), Mira Bernabéu (España), Dino Bruzzone (Argentina), Mario Cravo Neto (Brasil), Germán Gómez (España), Marcos López (Argentina), Juan Carlos Martínez (España), Vicente de Mello (Brasil), Pedro Meyer (México), Gian Paolo Minelli (Argentina), Fernando Montiel (México), Marta María Pérez Bravo (Cuba), Ambra Polidori (México), Mónica Van Asperen (Argentina), Fernando Velázquez (Brasil) y Alexis W. (España). A través de distintas temáticas, soluciones técnicas y creativas recorremos a través de la obra estos artistas los derroteros de la fotografía contemporánea, sus claves y coordenadas.

La obra fotográfica de Albano Afonso (São Paulo, 1964) está marcada por la preocupación y la atracción que le genera descubrir los enigmas de la luz, los territorios que desvela, las diferentes miradas que suscita. A Albano le interesa la luz que destella o que refleja, pero también la que se esconde, la que matiza un atardecer o la que va ausentándose lentamente. El recorrido perceptivo a través de sus fotografías viene definido por ese movimiento visual que protagoniza la luz. Sus obras proponen una investigación sobre la construcción de lo imaginario, de nuestra mirada sobre la naturaleza y de cómo ocupamos y nos relacionamos con estos “espacios”. Estructuradas a manera de dípticos y polípticos, las fotografías de su serie “Naturaleza de la luz” se detienen en distintos paisajes o jardines de ciudades como Madrid, París, Nueva York, Tokio o Lisboa. La figura humana, apenas percibida en las fotografías, parece integrarse relajada o divertida en estos espacios bucólicos donde una naturaleza cada vez más amenazada le acoge y le demanda protección.

Las obras que se exhiben de Mira Bernabéu (Alicante, 1969) pertenecen al proyecto “Mise en scène” que como viene siendo habitual en la obra de este artista conjuga con audacia e inteligencia la realidad y la ficción. Los protagonistas de sus obras son miembros vivos de la familia del artista: parte paterna, materna, más los cónyuges de todos ellos. Se trata de imágenes documentales que muestran e inmortalizan a la totalidad de una familia, reuniéndose y posando ante la cámara. El resultado de esta nueva puesta en escena es una serie de obras múltiples, en las que los miembros de una misma familia son agrupados en relación con sus modos de pensar y actuar y atendiendo a tres conceptos determinados: situación socio-económica, opción política y opción religiosa. Son obras que reflexionan sobre los “ambientes de crispación” y la “división social”.

Dino Bruzzone (Paraná, Entre Ríos, 1965) presenta parte de la serie “Italpark”, donde toma como punto de partida el parque de diversiones que funcionó en el centro de Buenos Aires, durante tres décadas (1960-1990). Ubicado en Retiro, cerca de las estaciones de trenes y autobuses, y ofreciendo como perspectiva el frente de la ciudad, se convirtió en un símbolo mítico para varias generaciones de argentinos. Después de documentarse y seleccionar imágenes de archivos de los juegos en el parque, determina qué elementos descartará y cuáles mantendrá (reflejos, sombras, personas, colores, árboles), con los que construye un modelo en escala. Por último, realiza la fotografía final, cuando hace la toma de la maqueta en su estudio. Algunas tomas son frontales, como desde el punto de vista de quien está decidiendo un juego; otras, como si la persona estuviese esperando que se reactive el juego para ingresar. En el equilibrio de lo artificial, el límite entre lo real y lo irreal, representa lo que se propone exteriorizar: una sensación, la inquietud. En “Italpark” una serie de contrastes entre la estética de la imagen y el contenido refuerzan el clima de tragedia para un espacio cerrado.

Mario Cravo Neto (Salvador, Bahía 1947-2010) investiga la relación del hombre con la naturaleza tropical, la coexistencia étnica y el sincretismo religioso. Las fotografías en exhibición forman parte de su serie “Territorios de trance” en las que puede observarse el carácter antropológico-poético que marcó toda la obra de este artista. Cravo Neto comenzó a experimentar la religión Afro-bahiana de primera mano y durante varios años fotografió y grabó la vida y los rituales de esa religión. Supo retratar el espíritu religioso Afro-Brasileño con el conocimiento profundizado de un iniciado. Sus trabajos mezclan la tradición de una población indígena con el legado cultural portugués y africano, introducidos durante el período colonial. Los personajes, objetos y animales contemplan, para el fotógrafo que los ha interpretado, las heridas en proceso de cicatrización de su herencia mutua.

Germán Gómez (Gijón, 1972) articula su obra artística a través de series temáticas que abordan la figura humana desde diversas facetas. La identidad se erige en el hilo conductor de su trabajo que se caracteriza por la convivencia de diversas disciplinas junto a la fotografía, como son el dibujo o el collage y que confieren a sus piezas un acabado escultórico e inconfundible. Toda su obra está marcada por una fuerte carga autobiográfica que se centra en las pasiones humanas, filtradas por los sentimientos del propio artista. El proyecto “Dibujados” del que forman parte las obras que se exhiben en esta muestra tiene como protagonistas a hombres que posan fotográficamente y que, posteriormente, por medio del dibujo, sufren un proceso de deconstrucción que libera a estos cuerpos de todo lo que no es “esencial”. El dibujo convive con la fotografía, despojándola de esa belleza palpable y funciona como una herramienta que traspasa la realidad visible, que orada buscando la “verdad”. La línea se abre camino devorando la imagen, el dibujo “consume” los fragmentos de carne fotográfica a través de violentas costuras de hilo, de papeles traslúcidos, de líneas de grafito o de remaches metálicos. Un proceso de “destrucción” que deja en el aire cuestiones relacionadas con la fragilidad y las heridas, la realidad y el deseo, las evidencias y veladuras, la agresión y la sutileza.

Marcos López (Santa Fe, 1958) presenta obras de su serie “Tristes Trópicos” en la que el artista recorre el universo del desencanto y la desolación, la invasión, más que del desconsuelo, de la desesperanza y el desaliento en los rostros de sus retratados. Enfrentar al espectador a su propio desamparo, movilizar su sensibilidad, calibrar la distancia que lo acerca o lo aleja de la tragedia fotografiada, son las inscripciones que explican el proceso creativo de este fotógrafo argentino. A partir de una puesta en escena personal caracterizada por la estridencia cromática, el efectismo y la afectación en la concepción de sus escenografías, la asimilación de los elementos del kitsch urbano, la precisión y el equilibrio en la estructura formal de la composición, consigue introducir al espectador en el centro del debate sobre lo que el artista ha dado en llamar “la textura del subdesarrollo”. Subdesarrollo que repercute en los ámbitos más privados del individuo, que configura su propia existencia y que traduce el desconcierto, el escepticismo y la sensación de descontextualización que marca su vida.

Juan Carlos Martínez (Campanario, 1978) articula su obra fotográfica en series temáticas que abordan la representación del placer, el erotismo, la sensualidad, y lo que proyectamos sobre ellos; la realidad y la apariencia; lo que se considera aceptable y lo prohibido; la delgada línea entre lo privado y lo público…JCM habla de cómo diferentes realidades coexisten, cuestiona lo hábitos de la mirada, la manera en cómo ésta arrastra, incluso a nuestro pesar, los tabúes que la tradición ha impuesto, e invita a derribar las barreras y los prejuicios a través de imágenes hechas sin permiso, “robadas”, dónde cada gesto se carga de significado contradictorio y un cuerpo adopta todo un repertorio de matices, y ante ellas nos convertimos en voyeur de una realidad ambigua. El artista nos muestra en esta ocasión escenarios habaneros, mexicanos y españoles. Capta las huellas que reconstruyen la memoria del suceso. Con su cámara levanta acta de lo acontecido, encuadra los arbustos que narran el entorno íntimo allí generado y obliga a detener la mirada en determinados elementos de la composición, sin posibilidad alguna de esquivar la atención sobre aquéllos.

Fernando Montiel Klint (Ciudad de México, 1978) realiza con sus fotografías una crítica a nuestra sociedad y al consumismo, retratando con humor negro las adicciones humanas pero suavizadas entre globos de colores, juguetes o luces imaginarias. A través de su cámara crea mundos llenos de teatralidad nutridos de la publicidad, que sacan a la luz los estados de ánimo de sus personajes individualizados y sus fantasmas interiores. Sus personajes son cercanos a los de la pintura clásica, muy barrocos y los sitúa en escenas irreales, cargadas de humor, que rozan lo absurdo: retrata a jóvenes que intentan encontrar esa suerte de paraíso dentro de su contexto occidental, en el interior de sus apartamentos o en escenarios urbanos, rodeados de artículos de consumo y de elementos iconográficos de la cultura popular. Es la adaptación irónica de un concepto religioso que satiriza los estilos de vida contemporáneos llevándolos al absurdo. A la iluminación dramatizada de los lugares se suma la creación de personajes excéntricos que rayan a veces en lo grotesco: sus obsesiones, miedos y deseos reprimidos son el hilo narrativo en estos universos que parecen irreales.

Pedro Meyer (Madrid, 1935) es igualmente reconocido tanto por sus provocativas y poderosas imágenes como por su labor de pionero en la era de la imagen digital. Las fotografías de Meyer cuestionan de manera consistente los límites entre la verdad, la ficción y la realidad. Con el surgimiento de tecnologías digitales a principios de los 90’s, Meyer evolucionó de ser un fotógrafo documental que creaba lo que se conoce como “imágenes directas” a un documentalista-digital que combina elementos de distintas fotografías para así llegar a una verdad distinta o más elevada. La famosa afirmación de Meyer de que toda fotografía, tanto las manipuladas digitalmente como las que no lo son, son tanto verdad como ficción, le ha valido la etiqueta de ‘Hereje’ dentro del mundo ortodoxo de la fotografía documental. Dentro de las aportaciones personales de Meyer al desarrollo de la fotografía digital destacan la creación del primer CD-ROM que combina imágenes con sonido y la creación de las primeras impresiones digitales en el mundo.

De Gian Paolo Minelli (Ginebra, 1968) se exhibe una selección de su serie “Cárcel de Caseros”, en la que aborda a través de los rastros y huellas de sus muros la memoria de una cárcel abandona en Argentina, poniendo el énfasis en la situación de violencia social y criminal que allí tuvo lugar. Ni artificios, ni regodeos dramáticos tienen cabida en este trabajo fotográfico marcado por el rigor y el ejercicio de documentar con claridad el deterioro y la desolación de unas paredes que albergaron la penitencia de sus “moradores”, pero fundamentalmente, documentan la desidia y la incuria de instituciones indiferentes que consentían el mantenimiento de tales condiciones infrahumanas.

Marta María Pérez (La Habana, 1959) se inscribe con autenticidad dentro de estos discursos que han hecho del cuerpo femenino un terreno de expresión simbólica (…) En Marta Pérez resalta la puesta en escena, perfomática, del cuerpo propio; haciendo al yo protagonista de un mito personal y a la vez de una articulación cósmica, sin implicaciones testimoniales circunstanciales sino a partir de un espacio-tiempo mítico, o más bien reclamando una codificación mitologizante. Los códigos utilizados en su mayoría, hacen referencia a los oficios religiosos sincréticos cubanos; pero también insertan elementos de la liturgia cristiana primitiva y equivalencias simbólicas muy comunes a varias mitologías. En su obra, las reflexiones sobre el yo y sobre la identidad personal vienen enunciadas como una construcción —desde lo más íntimo— de nuevos fetiches. Esta especie de gestalt tiene como núcleo autobiográfico la experiencia de la maternidad. Si bien los primeros trabajos de Marta hacían referencia a la maternidad en el marco de las supersticiones que la asedian, sus últimas piezas convocan los poderes santos de los credos sincréticos yorubas, abakuás y congos en la imagen fundacional de la maternidad. Para ello Marta María se ha servido de los rituales, creando mises-en-escene para la sacralización de su propia identidad.

Ambra Polidori (Ciudad de México 1954) a través de diversos medios de producción plástica como el video, la fotografía y la instalación hace una llamada de atención a las situaciones de padecimiento humano que surgen como consecuencia de los conflictos actuales. Sus fotografías muestran paisajes de gran belleza en los que se insertan documentos que, en la mayoría de los casos, aluden a cuestiones sociales con grandes dosis de contenido político. Esas imágenes aparecen descontextualizadas, proponiendo así una dualidad de significados que provocan un diálogo en el que la denuncia y el compromiso suenan en voz alta y grave

Para Mónica Van Asperen (Buenos Aires, 1962) el cuerpo es un territorio a intervenir como lenguaje arquitectónico. Sus imágenes son construcciones que nacen a partir de los hábitos irracionales de los juegos y de los ritos. La profesión de Van Asperen es el diseño y tanto la fotografía como el espacio han ampliado esta visión del otro. Los materiales que utiliza son efímeros o bien representan acuerdos frágiles, y en su manipulación no es casual establecer relaciones escultóricas, en donde la secuencia de la narración constructiva casi nos permitiría imaginar un final. Los actores son parejas, hermanos, familias, encontrados al azar y muchas de las formas finales nacen de la situación del encuentro de esos grupos.
Por otro lado, los desnudos son casi siempre una constante en su obra, dejando los rostros en un segundo plano ya sea porque están cubiertos o bien por que son escenas grupales en las que la identidad se disuelve en el conjunto. Es también parte del lenguaje de Mónica la teatralidad coreográfica: algunos trabajos son piezas rítmicas, constante en su producción desde el año 1998.

La obra de Alexis W. (El Hierro, 1972) se centra fundamentalmente en el uso de la fotografía como soporte y medio discursivo, a partir del cual investiga la realidad que le circunda desde una pre-ocupación recurrente por los órdenes de la sociología y la antropología cultural. Las complejidades, paradojas y también virtudes del modelo global de cultura donde la democracia y el real rechazo de las minorías ponen en entredicho el paradigma de corrección social y convivencia pacífica, están en la base de su trabajo.
En este sentido, gran parte de su producción visual gira en torno al universo de la identidad y la sexualidad, entendida esta última como construcción cultural sujeta a un grupo de normativas y de premisas sociales que articulan las múltiples nociones del deseo. El autor ha sabido captar ese aspecto tan propio que define a aquellos que han prestado su imagen. De esa manera, nos ofrece una visión particular y, a la vez, colectiva de unos personajes situados en un ambiente íntimo y también mundano en el universo en el que se desenvuelven.

 
 


Lunes a viernes 10:30 a 20:30 Sábados de 11:00 a 20:30 horas

CLAUDIO COELLO, 20 MADRID 28001 (España) - Tel: (34) 91 575 4804/5639 - Fax: (34) 91 577 6907 - Email: gfp@galeriafernandopradilla.es