Boletín

Exposición
Alejandro Bombín / Diego Vallejo

“Reprotipográfica” / “From a tree-house”

Inauguración: 14 de julio de 2011

La Galería Fernando Pradilla presenta por primera vez y de manera individual la obra de dos jóvenes artistas españoles: Alejandro Bombín (Madrid, 1985) y Diego Vallejo (Salamanca, 1986). Las dos muestras han contado con la colaboración de Víctor Zarza, comisario y crítico del ABC Cultural y Director del Departamento de Pintura (Pintura y Restauración) de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Para Zarza “hay dos circunstancias comunes a ambos artistas: en cuanto a su formación, tanto Alejandro Bombín como Diego Vallejo han pasado por las aulas de pintura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid y, en lo referente a sus respectivos estilos, los dos participan de la sensibilidad pictórica surgida a partir del modelo –icónico y, asimismo, en términos lingüísticos- que ofrecen los medios audiovisuales de hoy día, en la línea de pintores como Gerhard Richter, Luc Tuymans o Chuck Close, dicho sea por citar algunos nombres de sobra reconocibles dentro de esta modalidad”.

Para Alejandro Bombín es su segunda exposición individual, y la primera en Madrid. Este artista centra su trabajo en lo que él ha dado en denominar “la pintura pantalla”. En ella reflexiona sobre las infinitas posibilidades de la percepción de la imagen, su manipulación, su reagrupación y recomposición. Bombín afirma que “nuestra realidad privada se conforma a partir de todas aquellas pequeñas interpretaciones personales de lo aprehendido por nuestros sentidos en nuestras vivencias, que provienen de la realidad pública que todos compartimos, y que tomamos como nuestra propia verdad compleja, siempre subjetiva. Mi proceso pictórico transcribe este entendimiento de nuestro escenario. Como podemos observar en las imágenes, cada sección responde a una interpretación pictórica momentánea y descontextualizada de una parte de una imagen, en la que influyen el contexto y el momento en el que se realizó. Consiste en dividir la imagen fotográfica elegida, en tiras horizontales, y pintar en un lienzo proporcional cada una de esas partes sin ver el resto de la obra. De este modo, pintas colores y figuras cuyo significado desconoces, como formas abstractas que interpretas de una manera intuitiva, creando códigos que funcionarán como una imagen identificable sólo dentro del conjunto una vez completado. Cuando se finaliza la obra observamos una trama de interpretaciones que define una realidad privada subjetiva, la del autor y su labor pictórica. Al mismo tiempo contemplamos como espectador una imagen global que nos transmite una realidad “objetiva” y coherentemente pública. En definitiva vemos una imagen reconocible construida por muchas que no lo son”.
En el caso de Diego Vallejo se trata de su primera exposición individual, aunque viene precedida por una serie de participaciones en muestras colectivas realizadas en diferentes espacios expositivos. Sobre su proyecto “From a tree-house”, Ana Pol Colmenares afirma que “en él aparece de nuevo el paisaje como protagonista frente a un ser humano desplazado de la imagen, al que sólo se le intuye a través de ciertos rastros de luz. A partir de la idea de esa casa encaramada en el árbol, constitutiva de toda ensoñación infantil y que resulta a su vez ese espacio tan idóneo para la fabulación como para la vigilancia, Diego plantea una serie de pinturas que justamente participan de esta doble mirada inocente e inquisidora. En ellas se nos muestran casas, refugios, fragmentos de naturaleza, en los que siempre parece que “algo” está por pasar. Estos lugares donde lo humano ha sido borrado […], provienen aquí de pantallazos robados de escenas de películas y series de ciencia ficción. En este sentido, la exploración de “otros” lugares, que es una constante en la obra de Diego, recae sobre una ciencia ficción concreta: la que arrastra lo paranormal de lo extraño a lo cotidiano. No son los topos deslocalizados y ahistóricos presentes en otras películas del género; el germen de esta topografía arranca de una mirada que justamente la operación que articula es la de siniestralizar lo cotidiano, partiendo precisamente del concepto mismo de unheimlich. De tal manera que ese lugar “otro”, al igual que ese “otro”, el alien, parten de lo mismo: de lo ya conocido, de lo que nos es familiar.”

Ambas exposiciones estarán abiertas al público desde el 14 de julio hasta el 9 de septiembre de 2011.

 

Textos

El proceso Nuestra realidad privada se conforma a partir de todas aquellas pequeñas interpretaciones personales de lo aprehendido por nuestros sentidos en nuestras vivencias, que provienen de la realidad pública que todos compartimos, y que tomamos como nuestra propia verdad compleja, siempre subjetiva. Mi proceso pictórico transcribe este entendimiento de nuestro escenario. Como podemos observar en las imágenes, cada sección responde a una interpretación pictórica momentánea y descontextualizada de una parte de una imagen, en la que influyen el contexto y el momento en el que se realizó.
Consiste en dividir la imagen fotográfica elegida, en tiras horizontales, y pintar en un lienzo proporcional cada una de esas partes sin ver el resto de la obra. De este modo, pintas colores y figuras cuyo significado desconoces, como formas abstractas que interpretas de una manera intuitiva, creando códigos que funcionarán como una imagen identificable sólo dentro del conjunto una vez completado.
Cuando se finaliza la obra observamos una trama de interpretaciones que define una realidad privada subjetiva, la del autor y su labor pictórica. Al mismo tiempo contemplamos como espectador una imagen global que nos transmite una realidad “objetiva” y coherentemente pública, es decir, entendemos la imagen como un murciélago, o es identificable como un paisaje, etc. En definitiva vemos una imagen reconocible construida por muchas que no lo son.
En esta exposición se muestra parte de un proyecto inconcluso que consiste en la gestación, mediante el proceso referido, de una serie de obras que tienen por tema conjunto la inclusión del texto en la pintura, ya como un actor más o bien como el centro del juego de su significado. Con este proyecto no trato de acomodar la pintura a un discurso literario ni lo contrario, sino precisamente establecer unas relaciones entre ellos que susciten encuentros comunicativos diferentes. Estos cuadros reflexionan sobre el texto entendido como una imagen, sobre los cuadros y sus lecturas y a su vez, nos hace pensar en el choque de códigos con otros de diferente procedencia.

Quiero aludir en la forma de hacerlos a la digitalización del vehículo de información, en este caso folletos o libros escaneados, proponiendo la pintura como un arte que supone la barrera física que se interpone entre un pensamiento estético y su materialización, con la apertura afectiva de la propia pintura como protagonista. Se pueden entender como una denuncia o más bien, una llamada sobre lo escrito, actualmente eclipsado o engullido de forma íntima por el amplio entorno audiovisual. Con ella pretendo evocar el uso tecnológico aplicado a toda disciplina. De esta manera podemos observar la obra como una impresión hecha a mano, como un telar de pintura, que se construye línea a línea como lo haría cualquier impresora de un ordenador. Digamos que sustituye la actividad tecnológica de la impresión por un proceso intelectual-manual, atravesando al pintor en un sentido visual, proponiéndolo como una imprenta humana. Digital, en su significado directo.

Para mí guarda relación con los libros anteriores a la invención Gutenberg, copiados a mano, pero añadiendo esa comprensión tecnológica del mundo de hoy. Es una reflexión sobre la letra impresa y la imagen y sobre cómo forman un equipo para ser un vehículo informativo.

Alejandro Bombín

_________________________________________________________________________________

Reprotipográfica:
Futuro de subjuntivo perfecto

Con este extraño tiempo verbal me refiero a un clima latente en estas obras, que va más allá del descreimiento en el Progreso al que nos habitúo el Postmoderno. Se trata de una nostalgia algo cínica sobre un futuro deseado y que no fue. Se trata de un sueño, o una mentira bienintencionada (paternalista) que quedó atrás. Las obras de Bombín tienen una superficie irónica y juguetona; ironiza sobre esa paradoja de la sociedad de consumo que señala Heinich: puedes elegir lo que quieras siempre que elijas lo que todo el mundo. Y juega con las imágenes repetidas y trivializadas a las que es capaz de dotar de un halo íntimo, casi de diario personal. Pero en el fondo hay una cierta sombra, un algo amargo, como de paraíso perdido. O mejor aún, de paraíso decepcionante. “Nuestros padres nos lo dan todo, pero ese todo que nos dan no vale nada”. Esta frase tan desagradecida, joven y lúcida (yo la he escuchado a varias personas queridas) está en el fondo, o -usando mejor metáfora- en la base del iceberg. En su serie Miscelánea, Bombín se centra en imágenes tomadas de optimistas libros divulgativos de los años 70: el paternalismo de la docencia, la negación del conocimiento académico que implica la divulgación científica y la utopía irrealizable del Estado del Bienestar nos impactan como trasfondo de esas imágenes de simpáticas familias de la Europa protestante, la Europa democrática y del Mercado común que se añoraba en la España de los 70, cuando los libros que sirven de modelo fueron publicados. En este caso el modo de pintar, haciendo evidentes las líneas horizontales que componen la imagen global, y la aparición de parte del texto que el los libros que sirven como modelo acompañaban a la imagen copiada provoca una sensación de tachado (o de reconstrucción tras pasar por una destructora industrial de papel) que evocan una suerte de arqueología del pensamiento y de los valores de la modernidad moribunda. La enseñanza para todos, los métodos docentes apoyados en la nueva tecnología (materializada en las ahora ridículas máquinas para enseñar), los intentos de aplicar modelos económicos y familiares europeos al mundo entero… parecen en estos cuadros ideales lejanos, rescatados como una curiosidad exótica en nuestro mundo presente y acelerado. Si quieren una banda sonora para estos cuadros prueben con la canción suburbs de Arcade Fire: “… y todos los muros que construyeron en los 70 han caído ya, y todas las casas que construyeron en los 70 han caído ya, ¿Significó algo? No significó nada”.
Luis Mayo

 
 


Lunes a viernes 10:30 a 20:30 Sábados de 11:00 a 20:30 horas

CLAUDIO COELLO, 20 MADRID 28001 (España) - Tel: (34) 91 575 4804/5639 - Fax: (34) 91 577 6907 - Email: gfp@galeriafernandopradilla.es