GALERÍA


ANIMAL VERSIÓN

Del 27 de julio al 31 de Agosto de 2017


Carlos Amorales – Fernando Botero – Miguel Böhmer – Starsky Brines – Aurora Cañero – Adriana Duque – Germán Gómez – Lorena Guzmán – Aurora Lario – Marcos López – Moises Mahiques – Armando Mariño – Vicente de Mello – Marco Mojíca – Mariana Monteagudo – Gabriel de la Mora – Santiago Morilla – Vicky Neumann – Catalina Ortiz – Nadín Ospina – Martha María Pérez Bravo – Ambra Polidori – Víctor Rodríguez – Alexis W



Del 27 de julio al 31 de agosto de 2017, la Galería Fernando Pradilla presenta una muestra colectiva en la que la figura del animal se convierte en motivo de creación y reflexión en el trabajo de un grupo de artistas iberoamericanos. La plástica contemporánea continúa otorgando a la imagen del animal una fuerte y renovada presencia en la conformación del concepto artístico. Su capacidad para establecer símbolos, metáforas e ideas vinculadas a la belleza, la naturaleza, la religión o las experiencias humanas ha otorgado a la representación del animal nuevos contenidos y lenguajes en la práctica artística actual.

 
Bajo el título de Animal Versión, la exposición propone explorar la diversidad de claves expresivas que pueden identificarse en el tratamiento de esta temática a través de un conjunto de obras que utilizan la imagen del animal como motivo esencial o subsidiario del discurso del artista. Más de una veintena de creadores participan en esta muestra que reúne escultura, dibujo, pintura y fotografía. Las obras que se exhiben abordan el tratamiento artístico de la figura del animal con enfoques muy diversos que van desde la denuncia política o crítica social en los trabajos de Ambra Polidori y Moisés Mahiques, pasando por las connotaciones rituales y espirituales que le otorga Marta María Pérez Bravo, o la transformación simbiótica de seres híbridos en los trabajos de Nadín Ospina y Starsky Brines, hasta la exploración plástica de algunos de los animales a los que nos une un patrimonio genético común como ocurre con las esculturas binomios de hombre y mono de Aurora Cañero.

 
Carlos Amorales (México, 1970), construyó a finales de los noventa su “Archivo Líquido”; una recopilación de imágenes en las que pájaros, arañas lobos y árboles nutrían mayoritariamente el repertorio. De este archivo provienen sus series Black Drawings y Germinal, entre otras, trabajos donde la representación animal está concebida para reforzar sus preocupaciones sobre el lenguaje o la incapacidad de comunicación del ser humano. En las tintas presentes en la exposición se recrean formas codificadas de lenguaje con diminutos animales que dibujan una suerte de caligrafía alusiva a gestos y símbolos no verbales. Los alfabetos y sistemas gráficos que Amorales crea en estas piezas exploran los caminos ilimitados de la comunicación.

 
En su interés por explorar la realidad desplazando la representación por la recreación de nuevos códigos visuales, Starsky Brines (Caracas, 1977), aborda la imagen del animal con una marcada ambigüedad. Los seres que habitan su obra participan de una permanente sensación de hibridación y complementariedad, de un afán zoomórfico que trasmuta las apariencias y que resulta en una nueva especie: abestiada y humanizada a la vez. Sus criaturas ostentan una identidad dual y complementaria que les fracciona y unifica en una narración de extravagantes historias e insólitas relaciones visuales.

 
Nadín Ospina (Bogotá, 1960) recrea en su serie Críptidos (2014) un repertorio de seres no adscritos propiamente a ningún reino, especímenes singulares de cuya existencia no se tiene constancia científica pero que forman parte de la mitología y el folclore populares. Ospina rescata de su imaginación un universo de imágenes fantásticas que hablan del prodigio, desdibujando los límites de lo humano y lo animal para desembocar en una comunión anatómica de seres simbióticos y metamorfoseados. Sus híbridos Arpía, Elephas maximus o Cinocéfalo-vibrantes de color y profusos en detalles- son representaciones antro-zoomórficas que enfatizan la preocupación del artista por remitir a referencias históricas y apropiaciones contemporáneas del legado cultural latinoamericano.

 
Ambra Polidori (Ciudad México, 1954) utiliza la fuerza expresiva del animal en comunión con el valor comunicativo del texto para movilizar la conciencia del espectador. Su obra ¡La infancia no es un juego de niños! denuncia las injusticias sociales contra una infancia cada vez más vulnerable e indefensa. La artista construye un juego de simbologías a través de la composición díptica, contraponiendo visualmente el enunciado de los principios de la Declaración de los derechos del niño y la temida imagen del lobo feroz que acecha y amenaza su consecución. La manera en que ha sido concebida la representación del animal en esta obra se convierte en filtro de la actitud crítica y disidente de una artista comprometida como Polidori.

 
Marta María Pérez Bravo (La Habana, 1959) ha desarrollado una obra muy ligada a sus propias vivencias y siempre afincada en la reinterpretación de los cultos sincréticos de la mitología afrocubana o Santería, práctica religiosa que percibe la divinidad en todo, incluidos los animales, que son vistos como entes cargados de simbología para expresar la naturaleza divina y espiritual de todas las cosas. Así, la representación del animal en la fotografía -siempre en blanco y negro- de Pérez Bravo se alinea con los escenarios simbólicos en los que participa la propia artista, que utiliza su cuerpo como soporte expresivo de la obra. La fotografía “Por donde pasa” (2000), coloca en el plano central la imagen de una serpiente reptante, que a diferencia de la naturaleza perniciosa que la acompaña en la tradición católica, en la Santería cubana es símbolo de todos los caminos y también de la fertilidad, la salud, la vida o la sexualidad, cuestiones que en el trabajo de Pérez Bravo han sido exploradas desde una perspectiva emocional, psicológica y a veces onírica.

 
La imagen del perro es tema recurrente de reflexión y motivo narrativo de muchas de las obras que componen esta exposición. Como animal de compañía por antonomasia habitan nuestra intimidad y comparten una suerte de diario personal con su dueño. Erigido en protagonista de la obra, la representación del perro se convierte en un retrato psicológico que traduce actitudes casi humanas y estados anímicos de su autor. Este vínculo hombre-animal y su traslación autobiográfica proyectada en la imagen del perro se halla en los trabajos de Germán Gómez (Gijón, 1972), Alexis W. (El Hierro, 1972) o Aurora Cañero (Madrid, 1940). Otras veces, su representación constata la sordidez de la violencia en comunión con la belleza, como ocurre en los dibujos de la serie Violence, happening location (2011) de Moisés Mahiques (Quatretonda, Valencia, 1976). Para Vicente de Mello (Sao Paulo, 1967) la representación de este animal es sometida a su constante búsqueda de sensualidad en las formas. De Mello realza con intencionalidad ciertos segmentos del cuerpo del animal para sugerir otras lecturas visuales de la composición.

 
Lorena Guzmán (Córdoba, Argentina, 1978) ha desarrollado una obra que desborda gran imaginación en la recreación del universo animal. Ranas, pulpos, perros, cocodrilos, conejos, aves, tortugas, serpientes pueblan la iconografía de sus esculturas en resina de poliéster y epoxi. De acentuado carácter narrativo, el trabajo de Guzmán reinterpreta la imagen del animal a partir de la recreación de historias reales o ficticias.

 
La ironía y el humor recorren la obra fotográfica de Marcos López (Santa Fe, 1958), esbozando casi siempre una crítica mordaz a la sociedad argentina y latinoamericana. Cuando López introduce la imagen del animal en sus obras advertimos esa mirada sarcástica, y a veces corrosiva, en el tratamiento de los temas que le interesan. A partir de una puesta en escena esencialmente personal, caracterizada por la estridencia cromática y el efectismo en la concepción de sus escenografías, el artista echa mano de todo cuanto valga para saturar la composición. Es así como en Chica vaca con perro (2003), todo se dispone para acentuar el exceso y esa estética kitsch tan habitual en su obra.

 
Los ejes que sustentan el trabajo de Marco Mojica (Barranquilla, 1976) son la cita y la apropiación del acervo proveniente del arte postmoderno. Su yuxtaposición de imágenes y significados son capaces de provocar una inquietante e irónica tensión en la lectura de las obras, que siempre incorporan sutiles dosis de intervención crítica. En los dibujos de sus diferentes series Mojica utiliza la apropiación como un mecanismo descontextualizador que actúa en la esencia de la tradición más hegemónica de Occidente como es la pintura de carácter ilusionista.

 
Completan la exposición los artistas Miguel Böhmer (Bogotá, 1968), Fernando Botero (Medellín, 1932), Adriana Duque (Manizales, 1968), Aurora Lario (Madrid, 1967) Armando Mariño (Santiago de Cuba, 1968), Gabriel de la Mora (Ciudad México, 1968), Mariana Monteagudo (Caracas, 1976), Santiago Morilla (Madrid, 1973), Vicky Neumann (Barranquilla, 1963), Catalina Ortiz (Bogotá, 1974) y Víctor Rodríguez (Ciudad de México, 1970).

 

Obra


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