GERMÁN GÓMEZ

www.germangomez.es                                        1972
                                                                                Nace en Gijón
                                                                                España. Vive y trabaja en Madrid.

Estudios Realizados

2001
Diploma de Estudios Avanzados en Bellas Artes. Universidad Complutense de Madrid.

1998
Licenciado en Bellas Artes Universidad Complutense de Madrid.

1993
Diplomado en Magisterio. Universidad Complutense de Madrid.

Becas y Premios

2009
Ayuda a la producción de artes plásticas de la Comunidad de Madrid.
Beca Break point.

2008
Fotógrafo Revelación PhotoEspaña’08
IX Premio ABC de Pintura y Fotografía. Primer Accésit.
Finalista. Premio de Fotografía Ciudad de Palma. Palma de Mallorca.

2007
Beca de la Real Academia de España en Roma.
Artista Español en la XXIV Bienal de Alejandría. Egipto.

2006
Seleccionado. I Premio Internacional de Fotografía Pilar Citoler. Universidad de Córdoba.
Seleccionado. Premio de Fotografía Ciudad de Palma 2006. Palma de Mallorca.

2005
Seleccionado. Generación 2006 de Caja Madrid.

2004
Mención de Honor. Generación 2005 de Caja Madrid.
Seleccionado Concurso Gregorio Prieto de Caja Madrid.

2003
Seleccionado Concurso Purificación García.

2001
1º Premio Nacional de Fotografía Injuve 2001.
2º Premio VI Edición Concurso “Todos Somos Diferentes” Fundación de Derechos Civiles.

Exposiciones Individuales

2012
“Años 30″. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
“Diary Portraits”. Bridgette Mayer Gallery. Philadelphia. EEUU.

2011
“Retratos de un diario”. Espacio2. Galería El Museo. Bogotá. Colombia.

2010
“Moradores del Alma”. Museo de Arte Moderno de Barranquilla. Colombia.
“De padres y de hijos”. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
Pinta London. Galería Fernando Pradilla. Londres. U.K.

2009
Galería El Museo. Bogotá. Colombia.
Galería Carlos Woods. Guatemala.
“Peregrinatio”. Sagunto. Valencia. España.
PhotoEspaña. Room Mate Oscar. Madrid. España.
Espai Quatre. Casal Solleric. Palma de Mallorca. España.

2008
Galería Bertin-Toublanc. Miami. EEUU.
HDLU. Zagreb. Croacia.
Museo de Arte Moderno de Guatemala.
“Condenados”. Photoespaña. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
“Fichados-Tatuados”. Galería Fernando Pradilla. Espacio Proyectos. Madrid. España.
MIART. Galería Fernando Pradilla. Milán. Italia.

2007
Pabellón de España en la XXIV Bienal de Alejandría. Egipto.
Galería El Museo. Bogotá. Colombia.
Galería Full Art. Sevilla. España.
Scope. Galería Fernando Pradilla. Basilea. Suiza.
ARCO. Project Room. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.

2006
Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.

2004
Sala Blasco de Garay. Caja de Madrid. España.
El Foro de Pozuelo. Madrid. España.

2003
Galería Larra 10. Madrid. España.
Centro Cultural Provincial de Málaga. Málaga. España.

Exposiciones Colectivas

2012
ARCOMadrid’12. Galería El Museo. Madrid. España
SP Arte. Galería Fernando Pradilla. Sao Paulo. Brasil
ArteBA. Galería Fernando Pradilla. Buenos Aires. Argentina

2011
Museo ABC. Madrid. España.
The Solo Project. Galería Fernando Pradilla. Basilea. Suiza.
Dallas Art Fair. Bridgette Mayer Gallery. Philadelphia. EEUU.
KIAF’11. Galería Fernando Pradilla. Seul. Korea.
ArtBo. Galería Fernando Pradilla. Bogotá. Colombia.
ArteBa. Galería Fernando Pradilla. Buenos Aires. Argentina.
SP Arte. Galería Fernando Pradilla. Sao Paulo. Brasil.
“Lenguajes en papel”. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
Just Madrid 2. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España
Art Stage. Galería Fernando Pradilla. Singapur.

2010
National Museum of Photography. Copenhague. Dinamarca.
Kuntsi Museum Of Modern Art. Vaasa. Finlandia.
III Bienal de Arte Contemporáneo. Fundación Once. Madrid. España.
Espacio Iniciarte, Sevilla. España.
Centro Cultural de España en México.
Instituto Cervantes de Varsovia, Polonia.
MadridFoto. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
MACO México. Galería Fernando Pradilla. México.
SP Arte. Galería Fernando Pradilla. Sao Paulo. Brasil.
Scope Basel. Galería Fernando Pradilla. Basilea. Suiza.

2009
21C Museum. Kentucky. EEUU.
Stenersen Museum. Oslo. Noruega.
Centro Cultural de España en México.
Museu Marítim de Barcelona. Fundación ONCE. España.
ArtBo. Galería Fernando Pradilla. Bogotá. Colombia.
Instituto Cervantes de Moscú. Rusia.
FIAC. Galería Fernando Pradilla. Caracas. Venezuela.
KIAF. Galería Fernando Pradilla. Seul. Korea.
Kuntsi Museum Of Modern Art. Vaasa. Finlandia.
Museo Nacional de Bellas Artes. La Habana. Cuba.
Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
Scope. Galería Fernando Pradilla. Basilea. Suiza.
ArteBa. Galería Fernando Pradilla. Buenos Aires. Argentina.
MadridFoto. Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
Instituto Cervantes de Nueva York. EEUU.
Museo de Bellas Artes de Córdoba. Argentina.

2008
Museo de Arte Contemporáneo. Panamá.
Kulturhuset. Estocolmo. Suecia.
Photo Miami. Galería Fernando Pradilla. Florida. EEUU.
Nuit Blanche Paris. (European Night). Paris. Francia.
Academia de San Fernando. “Inventio Roma”. Madrid. España.
Scope London. Galería Fernando Pradilla. Inglaterra. U.K.
II Bienal de Arte Contemporáneo. Fundación Once. Madrid. España.
Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile.
Les Rencontres D’arles. Francia.
Real Academia de España en Roma. Italia.
ARCO. ABC. Madrid. España.
Museo de Arte de San Paulo. Brasil.
Museo de Arte Moderno de San José. Costa Rica.
Centro Cultural San Marcos. Lima. Perú.

2007
MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá). Colombia.
Dfoto. San Sebastián. Galería Fernando Pradilla. España.
Art Chicago. Galería Fernando Pradilla. EEUU.
MACO México. Galería Fernando Pradilla. México.
CIRCA. Galería Fernando Pradilla. Puerto Rico.
Galería Fernando Pradilla. Madrid. España.
Real Jardín Botánico. “Destino Futuro”. Madrid. España.

2006
Palm Beach Contemporary Fair. Galería Fernando Pradilla. Florida. EEUU.
Photo Miami. Galería Fernando Pradilla. Florida. EEUU.
TIAF. Toronto International Art Fair. Galería Fernando Pradilla. Toronto. Canadá.
Observatori. Valencia. España.
I Bienal de Arte Contemporáneo. Fundación Once. Madrid. España.
La Casa Encendida. Generación 2006. Caja Madrid. Madrid. España.

2005
ARCO. Galería Salvador Díaz. Madrid. España.
La Casa Encendida. Generación 2005. Caja Madrid. Madrid. España.
El Canal de Isabel II. Comunidad de Madrid. España.

2004
Alcalá 31. Caja Madrid. Madrid. España.
El Canal de Isabel II. Comunidad de Madrid. España.
Ayuntamiento de Alcobendas. Madrid. España.

2003
Concurso Purificación García. Madrid. España.
El Foro de Pozuelo. Madrid. España.
Alcalá 31.Photoespaña. Madrid. España.
El Canal de Isabel II. Comunidad de Madrid. España.

Obras en Instituciones

Museo Nacional Reina Sofía.
21c Museum. Kentucky. USA.
Ministerio de Asuntos Exteriores.
Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
Comunidad de Madrid.
Colección ABC.
Fundación Once.
Obra Social Caja Madrid.
Fundación de Derechos Civiles.
Asamblea de Juventud.
Universidad Complutense de Madrid.
Ayuntamiento de Leganés.
Caja de Ahorros de Navarra.
Colección Room Mate.

Catálogos y Publicaciones

AVV.,“On Minded Prints. On Prints Minded”, Ed. Grupo dx5, Pontevedra, 2011.

GÓMEZ, G., Yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos y ellas, Exit publicaciones, Madrid, 2009

PERSONS, T., MALMBORG, E., KOUWENHOUEN, B., Nuevas Historias. A New View of Spanish Photography and Video Art, Ed. Hatje Cantz, Berlín, 2008.

Germán Gómez – Condenados, Catálogo, Galería Fernando Pradilla, Madrid, 2008.

Diccionario de 200 Artistas Imprescindibles, Ed. Comunidad de Madrid, 2007.

VILLA, M., El Arte Emergente en España, Editorial Vaivén, Madrid, 2007.

Germán Gómez – Fichados/Tatuados, Catálogo, Galería Fernando Pradilla, Madrid, 2006.

OLIVARES, R., 100 Fotógrafos Españoles, Exit Publicaciones, Madrid, 2005.

Obra Disponible


“Igualito que su madre”


“Serie Compuestos”



“Busto Compuesto”


“Fichados – Tatuados”


“Del Susurro al grito”


2011
2004

“Serie Dibujados”


“Serie Condenados”


“Éxtasis”


“De padres y de hijos”


2011

Estudios

Carteles

2010

Estudios

Carteles

“Serie Iphone pequeño”


“Serie Iphone grande”


“Serie Iphone díptico”


“Serie díptico fotográfico”


“Serie Agenda”


“Doble Fotografía”


“Retrato Fotográfico”


“Retrato dibujado”


“Dibujo”


 

Textos

CONVERSANDO CON ALEJANDRO CASTELLOTE.

El trabajo con el que te das a conocer es una serie de retratos protagonizada por niños discapacitados psíquicos ¿Por qué decidiste enfrentar un tema tan delicado?

Dos motivos son los causantes de este proyecto, el primero unos antecedentes familiares que me sensibilizan con el tema y el segundo fue tener a Cristina García Rodero como profesora de fotografía en la Facultad de Bellas Artes. Ella me dijo una frase que me he repetido una y otra vez: “Fotografía aquello que conoces, aquello que realmente es importante para ti” y que me llevó a plantearme el por qué había decidido estudiar Educación Especial y qué papel tenían aquellos niños en mi vida. Durante nueve años estuve retratando el rostro de la discapacidad psíquica. Nueve años en los que trabajé como profesor en un colegio de educación especial y que concluyen tras cerrarse el círculo por el que había empezado todo, por un motivo familiar comenzó y fotografiando a las familias de aquellos niños se concluyó la serie.

La fotografía adopta a menudo un rol de poder entre el fotógrafo y el fotografiado, ¿cómo gestionas con ellos ese desequilibrio?

Ante la discapacidad psíquica no hay relación de poder que valga… Ante esta situación lo que hay es una reestructuración de valores, estas criaturas te ponen en tu sitio. Trivializas muchas cosas y te cuestionas otras tantas. Una etapa de la vida en la que creo haber madurado y que ha sentado los cimientos de nuevos caminos que tomó mi carrera.

La colaboración con los niños en la construcción de imágenes que remiten a los cuadros de Caravaggio, un pintor que fue especialmente beligerante con los cánones renacentistas y en general con las instituciones, no parece a simple vista una mera terapia ocupacional ¿Por qué elegiste precisamente un pintor tan conflictivo?

Que Caravaggio sea uno de mis pintores favoritos, no es fortuito… Estudiando Historia del Arte un día me sentí especialmente conmocionado por un cuadro, al llegar a casa se lo describí a mi madre y ella me hizo recordar que “esa” Vocación de San Mateo de Caravaggio, que descubrió en la época en la que vivió en Roma, le impresionó tanto que al volver a España, colgó en su habitación una reproducción de ésta, por lo que parte de mi infancia conviví con esa imagen tan inquietante. Pero no solo esto, a medida que descubría cosas del pintor cada vez me sentía más atraído por su obra. Chicos de la calle, mendigos o incluso prostitutas hacían de modelos para los personajes de su cuadros, ¡cuadros de temas bíblicos! tanto incorporaba su vida a su obra que se dice que el modelo del San Juan Bautista con el carnero era uno de sus amantes. Al evitar cualquier rastro de idealización y hacer del realismo su bandera, pretendió ante todo que ninguna de sus obras nos dejara indiferentes y todo esto unido a sus “delincuencias”, ha hecho que cuando quise juntar dos de mis pasiones, la pintura y los niños, eligiese a este –como tú muy bien dices- conflictivo artista.

Después de conocer el resto de tus series, las imágenes de los niños parecen encajar en un proceso poliédrico de búsqueda de tu propia identidad. ¿Te los has planteado así desde un principio o generas los trabajos de forma mas intuitiva?

Comenzó, supongo, el primer trabajo siendo de un modo intuitivo pero después de cerrar el proyecto sobre la discapacidad fue consciente el planteamiento de la identidad como proyecto en mi discurso plástico.

Cronológicamente, tus series atraviesan la documentación, la puesta en escena, las tipologías, la experimentación tridimensional y de nuevo regresas a los puntos de vista más próximos a las representaciones de corte antropológico. Sobre todas ellas planea el retrato como elemento común. ¿de dónde viene esa fascinación por las personas?

Me encanta dejarme fascinar por las personas… Conozco mucha gente y de muchos países diferentes. Intento conocerlas con intensidad e impregnarme de sus vivencias, me enriquezco con ellas, gracias a todas esas personas me voy conociendo mejor, voy encontrando respuestas, analizo sus experiencias, sus rostros; y al involucrarme en su vida, me voy reconociendo a mi mismo. Veo en los demás un espejo en el que al reflejarte te ves desnudo, y da lo mismo el nivel económico, social o intelectual. De todos puedes sacar respuestas para seguir edificando. Como tú bien dices, el ser humano no deja de fascinarme.

En algunas de esas series de retratos parece que utilices a los sujetos como actores sobre los que proyectar tu propia personalidad. ¿por qué nunca incorporas el autorretrato?

Todo mi trabajo es un autorretrato, desde las series de Educación Especial, pasando por “Compuestos” y por supuesto en este proyecto, que ya desde su concepción está ideado como un autorretrato; un autorretrato en el que no aparece mi rostro sino el de cincuenta hombres que prestan no solo su cara sino también su cuerpo, para ser soporte de mi vida. Que no sea mi rostro el que aparece creo que le da amplitud al trabajo. En mis retratos intento hablar de pasiones, temores, heridas… temas universales tratados desde la individualidad de mi mirada, de mis vivencias. Creo que es más fácil llegar a los demás desde rostros anónimos, rostros múltiples, rostros diferentes que además aportan al trabajo toda la carga de sus miradas. Sinceramente creo que el trabajo se enriquece con todos aquellos semblantes

En la serie “Del susurro al grito” superpones simultáneamente capas metafóricas y físicas; intervienes “literalmente” sobre la construcción de la obra y generas retratos muy teatrales. Formalmente es un trabajo muy distante a los que lo preceden. Desde una primera interpretación podría leerse como un intento de escapar de la racionalidad que rodea los retratos anteriores ¿A qué se debe realmente este paréntesis?

Esta serie viene motivada por el sufrimiento y la enfermedad de algunos de mis mejores amigos. Me convulsionó tanto que tuve que crear algo que reflejase mi estado de ánimo, es cierto que son muy teatrales pero también creo que son muy dramáticas. Las obras toman una dimensión escultórica, dentro de ellas están “enterradas” cartas cargadas de dolor y cariño dirigidas a cada uno de mis amigos que sufren. Esculturas fotográficas que se convierten en cofres de dolores secretos y que no pueden por menos de gritar.

Esa serie incluye elementos gestuales, pictóricos, teatrales dramatizaciones, que apuntan hacía una necesidad de trascender la bidimensionalidad de las fotografías, pero en “Fichados-Tatuados” recuperas el estilo de trabajos precedentes. ¿Podrías hablar de ese proceso?

Es un trabajo mas sereno y reflexivo, pero no por ello menos intenso emocionalmente. La bidimensionalidad en este proyecto es conceptual. Hay dos planos, uno el retrato artístico y otro el retrato social desde la ficha policial. Una imagen muy plástica que apoya a otra mucho más fría, cargada de datos teóricos que no sólo hablan de mí sino que hablan de cada uno de ellos. Un retrato íntimo y a la vez público, un autorretrato y al mismo tiempo un retrato múltiple, el retrato de la individualidad y a la vez el de una sociedad… Este proyecto también tiene elementos gestuales y pictóricos, puesto que los tatuajes se los he hecho yo mismo y también es teatral, ya que todo es una puesta en escena en la que mis amigos han querido hacerse pasar por presos. En el fondo, no dista tanto de los demás trabajos…

Desde mi punto de vista, la utilización de capas que añades a los rostros en “Del susurro…” se repite en “Fichados-Tatuados” pero adoptas una solución formal distinta. Pareces insistir sobre la dificultad de trasladar a una sola imagen la complejidad de las personalidades humanas. ¿Crees que el video podría resolver esa carencia?

Es un campo que miro con respeto, sólo he creado un video: “Año 32” y estaba formado por 365 fotografías… Tengo mucho que explorar aún en la fotografía, el camino de mezclar dibujo con imagen fotográfica me esta apasionando y sólo acaba de comenzar.

Proyectar tu presencia sobre los retratos de otras personas puede parecer un deseo de pertenecer, de asociar tu yo a otras personas… de recrear mas una identidad compartida que la tuya propia…

En la filosofía, el enfoque tradicional de las distintas imágenes del yo, del ser humano, de la identidad o como queramos llamarlo ha sido la de plantear un sujeto cerrado, sistemático e idéntico a sí mismo, sin embargo, pensamientos como los de Hume comienzan a desconfiar de ese tipo de yo, a decir que realmente no existe algo que podamos llamar yo, sino que somos una pluralidad de momentos que van cambiando y nosotros decidimos inventarnos un personaje al que denominamos yo hilando esos instantes a través de la memoria; de esta forma nos sentimos confortados porque somos un algo. También, enlazando con la literatura romántica, con el “Frankenstein” de Shelley, y el “El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hide” de Stevenson introducen temas como el del moderno Prometeo (Frankenstein como la creación de vida por parte del hombre convertido en un nuevo Dios; la lucha de la criatura contra su propio creador…) y la dualidad (por un lado el bien y por otro el mal…). En mi trabajo quiero reflejar esa pluralidad del “yo”, de la persona. Me gusta la imagen de ese Frankestein como una identidad hecha de cosidos, fragmentos o jirones que, arrancados de los rostros de los demás, forman nuevas identidades, tal vez mi identidad soñada… (sintiendo un deseo no sólo de pertenecer o asociar mi yo a los otros, sino también de posesión). También en la filosofía contemporánea, sobre todo de la mano de Nietzsche, encuentro cuestiones que me hacen seguir hurgando en este tema; sobre todo al afirmar que no hay un yo tradicional sino una pluralidad de máscaras y que no hay nada detrás de ellas, algo así como una muerte del sujeto. Que lo único que tenemos encima de la mesa son muchos fragmentos y ningún puzzle esperando. Todo me cuestiona y me hace seguir buscándome, en mi y en los otros, por mi y por medio de los otros.

La utilización de las fichas policiales como soporte o contenedor de ese catálogo de retratos comporta una suerte de criminalización de los retratados. Induces la mirada del espectador hacia una determinada lectura que parece situar a los protagonistas en un marco que los culpabiliza a priori. ¿Cuál es el origen de esa decisión?

La ficha policial tiene un componente muy grande de crudeza, de frialdad, de deshumanización, de monstruosidad, es cierto. Y al ser cincuenta, tiene también un componente de rutina, de serie, de catálogo, de excesivo… Desde estas dos visiones he querido contar mi vida, desde la dureza y desde el contrapunto; pues esos “delincuentes” han tatuado en su cuerpo momentos de angustia, de amor, de miedo o de felicidad… Fichados policiales, disminuidos psíquicos, seres humanos en resumidas cuentas; personas como las que no estamos fichadas, o tal vez, sí lo estamos.

La documentación policial –y en especial el retrato de detenidos- evita las representaciones subjetivas; por su propia naturaleza aspira a la descripción objetiva. En tu caso adoptas esa estrategia pero la perviertes voluntariamente al escenificar –y en cierto modo falsear- la personalidad de los fotografiados añadiéndoles tatuajes que te describen mas a ti que a ellos….

Podríamos decir que todo el trabajo es una gran metáfora para contar mi vida… Teatralizar sobre algo tan serio como la documentación policial y utilizar unas fórmulas de descripción objetiva tan dura espero que ayuden a dar sentido a este proyecto, en el que espero no solo me vea reflejado yo, sino todo aquel que quiera mirar hacia su interior.

En lugar de optar por las tipologías o por la puesta en escena, pareces haber decidido superponer ambas prácticas. ¿Te encuentras cómodo en esta fusión o vas a seguir experimentando?

Han escrito sobre el proyecto Fichados-Tatuados que podía compararse con una colección de insectos disecados, clavados con alfileres sobre un tablero…También analizando la serie Docena podría encontrar esta analogía… y realmente sí tienen mucho de clasificación, de seriación, y aunque se le puede dar esa lectura de interés antropológico, mi intención era la de crear una cadena que expresase una convulsión interna; por ello añado la puesta en escena, no quiero que sea sólo una clasificación exhaustiva, algo científico; sino una traducción plástica de mis sentimientos. Si seguiré fusionando o experimentando no puedo decidirlo ahora. Seguiré mirando, escuchando, aprendiendo, viviendo y conviviendo con toda la intensidad que pueda para continuar analizando mis sentimientos y plasmarlos de la forma más sincera posible.

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Entrevista por Pedro López a
Germán Gómez
Bogotá, octubre 15 de 2009

¿Por qué la fotografía?

Primero, te cuento que yo estudié Magisterio y me especialicé en educación especial. Cuando acabé la carrera empecé a trabajar en un colegio, y ese mismo día, entré a estudiar Bellas Artes.

Esa era la carrera que yo había querido hacer toda mi vida pero no era algo que mi familia viera muy bien. Me dijeron que no me la pagaban, que me pagaban una carrera “para defenderme en la vida”.

Entonces estudié Magisterio, que era algo que los convencía un poco más y así me pude pagar la carrera de Bellas Artes.

En primer año de Bellas Artes estudié fotografía con una profesora maravillosa que se llama Cristina García Rodero; una voz fotográfica importantísima. Sus clases me cambiaron completamente el esquema: me di cuenta de que quería narrar mi vida con un lenguaje que la contase lo mejor posible, y encontré que con la foto podía hacerlo. Era algo inmediato, muy verídico, que podías hacer en todo momento y a cualquier persona. Esas cosas me parecieron mágicas para poder contar mi historia.

Así empecé a narrar lo que era importante para mí, era algo autobiográfico. Empecé haciendo fotos sobre educación especial, fotos de mis alumnos, de donde resultó “Yo, Tú, Él, Ella…”

En mi familia hubo un niño con síndrome de Down que luego murió. Eso nos marcó a todos y marcó mi vida de una forma clara, tanto así, que estuve muchos años haciendo fotos de este tema. Empecé haciendo fotos en blanco y negro, y cuando me di cuenta de que mi fotografía ya no estaba hablando de mi hermano si no que estaban hablando de mi vida, cambié a color. Estuve siete años haciendo fotos en blanco y negro y más o menos un año y medio haciéndolas a color.

Cuando acabó este proceso de nueve años, que fue justamente el tiempo durante el cual estudié Bellas Artes, me lancé más al tema artístico y dejé el tema de la educación.

Pero tenía claro que la fotografía era el lenguaje que mejor contaba mi vida. Algunas veces veo que la foto queda un poco fría, lejana de una línea narrativa. Entonces, dibujar y coser me han permitido hacer de las fotos piezas únicas, muy escultóricas, y que en el caso de la costura llevan la metáfora de la unión y de la cicatriz.

Háblame un poco sobre las fotos de “Igualito que su madre”

Pues, “Igualito que su madre”, como muchas de las obras que tengo, crean muchas interpretaciones, cosa que me encanta.

En “Condenados” la gente ve de todo menos los condenados del juicio final de Miguel Ángel, y en “igualito que su madre” pasa lo mismo.

Los modelos, mis amigos, venían a casa con una foto de su madre y eran maquillados y peinados como ella, imitando lo más posible su imagen real. Después, posaban con una cara de tristeza lo más seria posible.

Mucha gente lo une al travestismo, o a la imagen femenina del hombre, pero realmente son hijos que se hacen pasar por su madre para sobrellevar el dolor que ella sufre por diferentes tipos de maltrato.

Pero está muy bien que las imágenes den mucho de qué hablar y en diferentes líneas.

Ahora, cuéntanos algo sobre “Condenados”.

Pues nada, “Condenados” nació en Roma gracias a que me dieron la Beca de la Academia de España, que es una de esas becas gloriosas: te pasas un año en Roma, en un palacio, con un sueldo y ocupado única y exclusivamente en crear. Es lo mejor que te puede pasar.

En Roma me centré en Miguel Ángel y su vida, no en su obra. Leía sus biografías, sus cartas y sus poemas, intentando entender a la persona -que es lo que a mí me interesa- y no al genio.

Sobre todo, lo que me llamó la atención fue que él siempre se sintió condenado, siempre se sintió mal pintor y mal cristiano. Estuvo solo y amargado toda su vida, además de que nunca fue correspondido amorosamente. Sufrió infinito.

Eso me llevó a pensar en el tema de la condena, en los condenados del juicio final y en las condenas de la sociedad actual.

Entonces, representé a los condenados del juicio final de Miguel Ángel con modelos, amigos míos, que están hoy condenados en la sociedad por cuestiones sociales, sexuales, religiosas, culturales, o de enfermedades. Personas que por nacer de equis manera o en equis lugar, ya están condenados sin tener culpa de nada.

Hablabas de las diferentes interpretaciones de tu obra, ¿Crees que una interpretación de “condenados” puede ser la del sufrimiento del artista?, algo como lo que contabas de Miguel Ángel.

Pues, yo no he tenido la intención de representar eso. Soy una persona muy alegre. Por supuesto que la he pasado mal y he tenido una infancia dura, pero también he sido un privilegiado. Hago lo que quiero, la creación, que es una cosa que me encanta.

Sin embargo, Marisa Salmean mi directora de tesis -una mujer inteligentísima y que me conoce perfectamente- me decía: “Yo te conozco y sé cómo eres de positivo en tu vida, sé cómo eres de alegre, pero ¡que dura es tu obra!”.

Y sí. Es dura por que voy buscando los miedos más profundos, y porque en ella hablo de la soledad, de la muerte, de la enfermedad y de cosas que de verdad me asustan.

Entonces, podría estar mostrando el sufrimiento del artista porque es algo que sale de mis temores, que sale de lo que más me preocupa. Pero en “Condenados”, a priori no es así, ya que la obra fríamente calculada, lo que muestra son los condenados del juicio final llevados a la actualidad.

Me contabas que el Retrato I de “Condenados” tuvo un destino especial. ¿qué fue lo que pasó?

Un día me llamaron de presidencia de gobierno. Me dieron un susto de muerte.

Me dijeron, “Mire, es que lo hemos escogido para llevar una obra suya como regalo del Presidente de España al Presidente de Rusia”. Con eso me quedé loco.

El Jefe de protocolo y la Directora de arte de la presidencia de gobierno fueron a la Galería Fernando Pradilla, y ahí el tema de “condenados” les pareció muy bello. No sé si les pareció políticamente correcto o no, pero les pareció un tema con mucha tradición europea y mucha tradición del siglo XV de Miguel Ángel.

Así eligieron la pieza y se le regaló al presidente ruso que, como me enteré después, es un enamorado de la fotografía.

Y eso fue.

Germán, ¿por qué los lugares religiosos?

En “Condenados”, al trabajar sobre Miguel Ángel y sobre la Capilla Sixtina, no me quedaba otro remedio. Pero el hecho de que esto tenga que ver con la religión es algo colateral, porque mi obra no habla de juicios finales en el sentido religioso si no de los juicios sociales.

Ahora, “En éxtasis” era un proyecto comisariado para una ermita en Sagunto, un pueblo de Valencia. Lo comisaría Castro Flores, todo un nombre dentro de la crítica en España.

Fueron siete ermitas, intervenidas por siete artistas alrededor del tema de la mística. A mi me tocó la ermita de San Miguel y el tema que traté fue el éxtasis desde un poema de San Juan de la Cruz. Pero aún así la elección no fue mía, fue un hecho dado: la exposición tenía el tema global de la mística y se iba a presentar en ese lugar específico.

Entonces, puede parecer que hay mucho tema religioso en mi obra, pero realmente no lo hay. Aparece más o menos por cuestiones colaterales.

Otra de tus obras es “Fichados –Tatuados” ¿Cómo encontraste a los personajes que están en esta serie?

Todos los personajes de “Fichados-Tatuados” son amigos míos. Algunos son muy cercanos: gente con la que tengo amistad desde los cinco años, personas que ya son parte de mi familia. Otros son amigos que he ido encontrando a lo largo de la vida y que han aparecido en otras obras como “Compuestos” o han desaparecido en obras como “Dibujados”.

Son cincuenta. Por supuesto, no tengo 50 amigos íntimos, pero entre ellos sí hay 15 o 20 con los que tengo mucha confianza y siempre son mis modelos. Luego empecé a echar mano de conocidos, de personas a las que sé que les gusta mi trabajo y con quienes, a raíz de este tema, he tenido más cercanía.

Cuando los involucras en tu obra, esto crea cierta empatía y cierta unión. Es algo mágico, pero funciona así.

¿Y los tatuajes?

Cada uno de los tatuajes que muestro está hecho por mí. Son dibujos de los 50 momentos más importantes de mi vida puestos en la piel de cada uno de ellos, fotografiados y hecha la ficha policial. Es como un autorretrato en la cara del otro.

Cambiando de tema. ¿Crees que existe una relación entre los años en los que estudiaste Magisterio y tu tarea como artista?

Conscientemente no lo pienso, pero inconscientemente tiene que estar. Fueron 3 años de estudio y 9 años de trabajo.

El trabajo en educación especial tiene que ser sumamente didáctico, de hecho, yo trabajaba con los niños fotográficamente: para reconocer a la persona, para reconocer a un amigo y para aprender el lenguaje utilizábamos fotografías.

Ahora, yo quiero que mi obra cuente cosas, que comunique, y supongo que en eso jugará un papel toda la pedagogía aprendida y toda la didáctica estudiada.

¿Crees que en algún caso tu obra ha “enseñado” algo?

No se. No me atrevería a decírtelo, pero espero que sí.

¡Qué preguntita! (ríe). Voy a averiguar con mis amigos y te responderé.

Para rematar: En tu obra ¿prefieres una pieza o una serie sobre las demás?

Hay dos series que quiero especialmente, una es “Fichados-Tatuados” y la otra es “condenados”.

“Fichados–tatuados” Fue la primera obra grande que produje. Implicó muchos años de trabajo y un esfuerzo económico tremendo.

Ganó un premio muy bueno y gracias a ese premio empecé a trabajar con Fernando Pradilla. Cambié de galería y eso fue como la noche y el día. A partir de esa serie todo empezó a rodar, todo empezó a ir bien.

Otra serie importantísima ha sido “Condenados” que fue el fruto de la beca de Roma, un premio que ni siquiera sé si me merecía…

El año de Roma fue muy duro porque trabajé muchísimo, pero fue un año que ha dado unos frutos estupendos.

Ahora, ya que todo esto del arte es tan difícil, tan complicado y tiene tanta dificultad para conseguir lo más mínimo, cuando una cosa fluye es increíble. Muy gratificante.

Además, “condenados” es una obra que se ha expuesto en sitios maravillosos. Me cuesta creer que algo que nace de la intimidad, de la reflexión más profunda, luego se esté exponiendo, o que vengan dos personas, que se enamoren de la obra y que admitan una pieza en su casa. Eso es una cosa que me conmueve.

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“Condenados”
-Tania Iglesias

El fotógrafo español Germán Gómez (Gijón, 1972) encuentra el ámbito de expresión en la revisión introspectiva de su experiencia, en la recreación de sus más íntimas vivencias. Extrae de la memoria individual las referencias que le permiten interpretar sus incertidumbres, añoranzas y contradicciones. Toda su obra resume el marcado carácter autobiográfico que habita en su producción artística, siendo la imagen del “otro” la que registra y procesa la subjetividad del creador. Sus series fotográficas son el reflejo de la apropiación del cuerpo ajeno que le sirve para mostrar la desnudez propia. “Mirando” a los otros, recomponiéndolos una y otra vez, dibujándolos, fichándolos o condenándolos, sigue creyendo que encuentra su sino. Su trayectoria ha consolidado la obra de un creador empeñado en comunicar algo distinto cada vez sin dejar de ser reconocible siempre.

Desde finales de la década de los 90 Germán Gómez viene articulado su obra artística en series temáticas que abordan la figura humana desde diversas facetas. La identidad se erige en el hilo conductor de su trabajo que se caracteriza por la convivencia de diversas disciplinas junto a la fotografía, como son el dibujo o el collage; que confieren a sus piezas un acabado escultórico e inconfundible. Un trabajo autobiográfico que se centra en las pasiones humanas, tratando temas universales desde el filtro de sus sentimientos.

En “Condenados” se nos muestra un discurso en el que se ponen de manifiesto inquietudes profundas, tras rostros y figuras que se entrecruzan luchando, debatiéndose entre el cielo y la tierra. Cuerpos que se vuelven a suturar para formar ese gran bloque nunca perfecto y siempre herido, marcado, compuesto, dibujado… Estas formas atormentadas, condenadas durante siglos, nacidas de la estancia del autor en Roma, donde el Renacimiento incidió de un modo directo en el discurso de su obra, procuran llevar a escena la identidad, las pasiones, las heridas, la vida en su más dura y fascinante esencia. Este nuevo proyecto quiere ser un humilde homenaje a todos aquellos que nacen condenados.

Este reconocido fotógrafo conjuga su actividad artística con otras actividades profesionales, entre las que destacan sus funciones como Profesor de Dibujo y Fotografía en la Fundación Claves de Arte (2006-2008), Profesor de Fotografia en el Instituto Europeo di Design (2004-2006), Colaborador Honorífico como Profesor de Dibujo en la Facultad de Bellas Artes de Madrid (1998-2001) y Profesor en el Colegio Público de Educación Especial Princesa Sofía de Madrid. (1993-2001)

Su obra forma ha sido premiada en diversas ocasiones, siendo merecedor de importantes reconocimientos entre los que se encuentran: Fotógrafo Revelación PhotoEspaña’08., el Primer Accésit en el IX Premio ABC de Pintura y Fotografía, Finalista del Premio de Fotografía Ciudad de Palma. Casal Solleric. Palma de Mallorca, Artista Español en la XXIV Bienal de Alejandría. Egipto, Seleccionado en el I Premio Internacional de Fotografía Pilar Citoler. Universidad de Córdoba, el 1er Premio Nacional de Fotografía Injuve 2001 y el 2º Premio VI Edición Concurso Todos Somos Diferentes Fundación de Derechos.

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CATÁLOGO: “100 Fotógrafos españoles” Rosa Olivares, Publicaciones Exit, Madrid, España, 2005. Pág. 174

Germán Gómez

El interés de todo el trabajo de Germán Gómez se centra en torno al individuo, a la persona concreta que fotografía. Por eso es el retrato el género casi exclusivo que desarrolla, aunque en sus primeros trabajos hayan sido retratos de grupo y con un contenido simbólico y abstracto fuerte. Efectivamente sus dos primeras series, Interiores y Yo, tú, él, ella…ambas de 1998, son retratos de grupos de niños de educación especial, que Gómez capta primero (Interiores, blanco y negro) en actitudes aisladas, situaciones cotidianas, y paulatinamente va pasando al retrato individual de niños y adolescentes, demostrando que hay muchas formas de vivir la adolescencia, a parte del consumismo y las marcas. En Yo, tú, él, ella… realiza una serie de recomposiciones de grupos al estilo de las pinturas de Caravaggio, en este caso plenas de color y con una clara teatralización y puesta en escena.

A partir de 2002 inicia un nuevo grupo de trabajos con el título genérico de Hombres, en el que se incluyen las series Dualidades, Docena, Igualito que su madre y Compuestos, El común denominador de todas estas series es el retrato como género y una incierta reflexión sobre la identidad y el género, planteando similitudes y composiciones fragmentarias. Así en Dualidades, son retratos de mujeres recortados cuyas siluetas se proyectan sobre escenas de su propia vida cotidiana: en Docena, son retratos de hombres desnudos son una clara irónica alusión a sus genitales; Igualito que su madre, son retratos de hombres , todos ellos de la esfera íntima del artista, travestidos en mujeres, y finalmente Compuestos, posiblemente la serie mejor estructurada, que plantea una argumentación más sólida, plantea desde unas premisas cercanas a la composición escultórica la reconstrucción de los retratados a partir de los fragmentos de otros rostros. El proceso consiste en recortar de unos retratos los fragmentos de los rostros de cada uno de los hombres fotografiados, y coserlos formando otra persona que tiene algo de todos los demás. Ese retrato robot final se vuelve a fotografiar y el resultado es un retrato cosido, fragmentario, que nos cuestiona la propia identidad, retomando la idea romántica de la creación de un individuo perfecto, que finalmente siempre se resuelve con un producto ambiguo que no alcanza ningún ideal de belleza, pero que pone en duda las atribuciones identitarias del retrato como género.

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COMPUESTOS. 2004
José Marín-Medina

Compuestos tiene por protagonistas a trece hombres cuyas testas, tomadas en posturas de perfil, giro y frente, son en parte (mirada, rictus de la boca, oreja, etcétera) recortadas, intercambiadas, sobrepuestas cosidas y nuevamente fotografiadas. ¿El resultado?: la expresión de unas identidades nómadas, transferidas de unos a otros, o inclusive “sumadas”, según vienen a sugerir los propios títulos de cada obra: Juan Miguel Juan Bert, John Juan Álvaro David Raúl, Alberto Carlos Iván Manuel…
En estas “operaciones” se atisba un sueño de perfección, inclusive un cierto ideal o canon clásico, encarnado en la armonía expresiva del dibujo y del cosido a máquina del recorte; en los cambios que se rigen por criterios de índole estética; en el interés por resaltar la objetivación o presencia casi escultórica de los efigiados; en los juegos que la función del deseo establece; en el subrayado o reforzamiento que se persigue de determinados valores físicos dominantes… Se trata de una ocasión sin precedentes que juega a favor de configurar y establecer unas identidades corporales y psicológicas “al gusto” de quien mira, de quien fotografía, de quien interviene alterando y de quien fija definitivamente, o emblemáticamente, “esta” y “esa” y “esa otra” identidad soñada.
Con todo, uno se aleja -si es que puede hacerlo- de la seducción hipnótica de estas imágenes, de estos cuerpos novísimos y “posthumanos”, con la sensación de que -efectivamente y como atisba su autor- lo que, en el fondo y a la postre, vienen a constituir es el autorretrato secreto del fotógrafo. y de su deseo.

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El infierno son los otros
Javier Díaz-Guardiola
periodista y crítico del suplemento cultural ABCD

Cabe una pregunta: ¿Existe el Infierno en aquella imagen tal y como nos lo muestra el Catolicismo? En caso afirmativo, ¿por qué una religión que se precia de basarse en el amor y el perdón, en poner la otra mejilla cuando nos dañan la primera, tolera como posibilidad la condena eterna, el dolor y el sufrimiento hasta el final de los tiempos? Y finalmente, ¿es preciso estar muerto para experimentar los males del Averno o pueden éstos sufrirse en vida y carne mortal, cuando el alma aún tiene en el cuerpo su contendor y frontera? Puede que todas estas dudas asaltaran a Miguel Ángel cuando desplegaba sus pinturas de la Capilla Sixtina. Algunos han visto en ellas su gran obra maestra. Otros, una declaración de intenciones de su creador, que se sirve de seres cercanos, conocidos, amantes y enemigos –con o sin su consentimiento– como modelos para sus figuras y para la magnificencia de su composición, que llega a su máxima expresión en los frescos de El Juicio Final; Miguel Ángel administraba así su propia justicia y a su manera. Por último, los menos encuentran en éstas parte de un diario íntimo en el que se recogen para la eternidad las obsesiones y remordimientos del italiano. Miguel Ángel trabajaba sin descanso para una Iglesia poderosa que le anulaba como persona y que frustraba sus sentimientos. Y, sin embargo, el artista la necesitaba, pues financiaba sus proyectos y sostenía parte de su celebridad. Sobre los muros del Vaticano, el renacentista configurará una maniquea e imponente composición sobre el bien y el mal al gusto de sus mecenas, con Jesucristo como el gran salvador, y decenas de hombres y mujeres que, ante su última gran decisión, se benefician de las bendiciones del Cielo o, por otro lado, padecen las atrocidades del Infierno.
Seis siglos después, otro joven creador, el español Germán Gómez (Gijón, 1972), viaja becado a Roma y recupera para nuestro tiempo parte de esa imagen congelada para la Historia. Durante años, los personajes del Infierno de Miguel Ángel han exhibido su dolor, su ansiedad y su penuria a través de las muecas de sus rostros y las contorsiones de sus cuerpos. Por obra y gracia de las artes plásticas, Gómez indulta a alguno de estos grupos, los baja de su indeseable pedestal, y, a cambio, fotografía en idéntica posición a sujetos contemporáneos que, como lo fue Miguel Ángel, acaso esta vez por su enfermedad, su condición sexual o su origen, son rechazados por parte de su sociedad y obligados a vivir un calvario en vida. Ellos son los nuevos “Condenados”, nombre de la serie, y ellos podrían adoptar a la perfección el espacio de los personajes a los que sustituyen en la Capilla Sixtina. El compendio resultante, sin estridencias, incluso alberga un gusto clásico por la belleza y las proporciones anatómicas. También como Miguel Ángel, Germán Gómez se sirve del rostro y del cuerpo de amigos e íntimos para su trabajo, y a través de ellos construye el diario en imágenes que conforma su quehacer artístico y que en este conjunto alcanza su último capítulo. Pero a diferencia del italiano, el español no se sirve de la pintura, sino que utiliza la foto para componer los poliédricos retratos desde los que da voz a su silenciosa denuncia. Ninguno de estos “Condenados” existe, porque sus formas son el resultado de un collage fotográfico mediante el cual Gómez compone una nueva figura a través de los retazos de diferentes individuos. Un rostro, un brazo, una cadera, una pierna flexionada… Ésta ha sido su seña de identidad desde grupos creativos como los “Compuestos”, que el joven fotógrafo sigue construyendo y con los que refleja la compleja personalidad del sujeto contemporáneo, que se va configurando a través de sus propias experiencias, renuncias, triunfos y deseos, y que es una suma de lo que éste piensa que es, lo que quiere ser y lo que finalmente le dejan ser los demás. Definición por negación u oposición; de caracteres y de capas; reales y ficticias. El asturiano fotografía la piel, aquella frontera física donde esta superposición de sustratos se hace más evidente. Y en el caso de los “Condenados”, esto añade un componente mayor de dramatismo al resultado, dado que la belleza y voluptuosidad de muchos de sus protagonistas se contradice con esa mirada sucia y negativa de los que los convirtieron en víctimas. Y su disposición en las salas de una galería –con forma, pero sin fondo, abigarrados y claustrofóbicamente dispersos– agudiza aún más la intensidad de su caída.
También Miguel Ángel se retrató entre los personajes de su Juicio Final, precisamente a la izquierda de Cristo y sobre el pellejo de San Bartolomé. Sobre la piel de otros “condenados”, Germán Gómez tatuó en una serie anterior, “Fichados y Tatuados” (2005), parte de su historia personal condensada en un tatuaje, lo que daba lugar a un friso fotográfico de cincuenta individuos que retenían sobre su propia piel un secreto que sólo atañe a su inspirador. El trabajo fotográfico de Germán Gómez es en definitiva una búsqueda de sí mismo y la puesta al día de unas obsesiones de veta autobiográfica. Fotografiar, rasgar, componer y unificar. Imágenes que se contagian de una belleza formal y de la velocidad de unos acontecimientos que nos superan. La introducción de otras técnicas, como la que aporta el lápiz en la serie “Dibujados” (2006), persigue poner freno a los impulsos y añadir al proceso una pizca de reflexión. Se trata, sin lugar a dudas, de la adecuación al individuo de unos temas universales desde la mirada actual. Tal y como hacía Miguel Ángel…

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CONDENADOS
Rosa Olivares

“Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada; la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”

Dante. “La Divina Comedia”. El Infierno, canto III.

Abandonada toda esperanza los condenados cruzan la laguna Estigia en la barca que Caronte guía, entre llanto y maldiciones, entre blasfemias y dolor. Su destino, el infierno. Allí los condenados en el Juicio Final pagarán eternamente sus penas, no habrá final para su dolor ni para sus fatigas, tal vez para sus remordimientos. Miguel Ángel en la Capilla Sixtina distribuye visiblemente a los condenados y a los que se salvan en ese Juicio que, sin duda, como todos los juicios, tendrá sus errores y sus injusticias. En la parte baja de la Capilla Sixtina vemos cómo, en un lado, los justos, las almas nobles de los que se han salvado salen de la tierra, se escapan de entre las garras de lo demonios que intentan sujetarlos, cómo se sueltan del peso de la tierra, de la ley de la gravedad y vuelan, se podría decir que flotan, se elevan hacia el Padre, hacia la salvación, hacia el cielo. En la otra parte la lucha toma otro cariz, los cuerpos se entrelazan en escorzos salvajes, en posturas impensables, unos se agarran a los otros, los demonios tiran de ellos hacía abajo, hacia la tierra, hacía el infierno, mientras Caronte les golpea con el remo, el destino está echado, decidida su suerte. Son los condenados. Rostros de desesperación, incluso de decepción, de incredulidad, rasgos de angustia, dolor, y no sólo en las caras sino en esos cuerpos que se curvan intentando agarrarse a otros para evitar su caída o tal vez para arrastrar a otros en su perdición, en una caída inevitable pero no necesariamente solitaria. El dolor nos guía, el miedo evita cualquier sombra de piedad hacia los demás. Nadie quiere estar en la barca de Caronte, nadie quiere sufrir para toda la eternidad, ningún pecado puede parecer suficientemente malo para tan terrible y desolador castigo, para un destino tan cruel e irreversible.

Miguel Ángel pinta su obra maestra en un alarde de virtuosismo, sin duda refleja la gran comedia de la existencia, ilustra el miedo, el premio y el castigo a unas vidas de virtud y a esas otras existencias marcadas por la maldad, la envidia, la desobediencia de las doctrinas de la Iglesia. Un inevitable tono didáctico, dando visibilidad casi infantil al miedo, al castigo y al premio, estructurando la obra de la manera más sencilla, dividiendo toda la pintura en zonas de dolor, de paz, de duda, de tranquilidad, para situar en cada una a las diferentes posibilidades y niveles de acercamiento y alejamiento del premio y del castigo. Para ello Miguel Ángel se pintó a sí mismo y a aquellos que le ayudaron en su vida, y también a aquellos que le dificultaron la existencia; a los que le amaron y a los que le odiaron; a las mujeres que se portaron con él como amigas y benefactoras las encarna en vírgenes y almas protectoras; a sus amantes y a sus enemigos, los Papas que le dotaron de medios, los nobles que le sustituyeron por otros pintores, a sus contrincantes… y a aquellos de los que si bien estuvo enamorado nunca consiguió sus favores. En definitiva, construyó un friso donde en paralelo se podría indagar en los mitos de la religión católica y en la vida privada del artista. Pero no será el único que elija el tema del Juicio Final ni el de los condenados más especialmente, recordemos por ejemplo “Las Puertas del Infierno” de Rodin, en las que de una manera más concisa y menos narrativa también ofrece esa imagen de los que son condenados a traspasarlas para no regresar jamás.

Tantos siglos después, otro artista de visita en Roma retomaría su Capilla para reconstruir algunos de sus retratos de entonces con personajes de ahora, algunos de esos cuerpos marcados por el destino del pecado por otros de hombres de hoy, cambiando las maldiciones divinas por otras mucho más humanas. Germán Gómez ha usado también el mismo método que tan habitual era en el Renacimiento: usar a sus amigos, a sus cercanos como protagonistas de sus retratos. En este caso solamente son nueve los retratos y nueve los grupos de cuerpos engarzados en la lucha por la supervivencia los que se reconstruyen, pero en este caso la pintura ha sido sustituida por la fotografía y también se ha alterado la forma de su presentación. Hoy son cuerpos e individuos solitarios, aislados, sin un fondo que los haga parte de una comedia ni divina ni humana, son partes de un paisaje global y cotidiano, pero se presentan solos. Germán Gómez ha elegido a nueve condenados para simbolizar el dolor y el miedo contemporáneo. Pero no se trata de nueve fotografías de personajes que posan a imagen y semejanza de los condenados de Miguel Ángel, no. Se trata de la construcción de nueve identidades inexistentes a partir de los fragmentos de hombres que sí existen pero que ninguno es uno de ellos, sino que son sus fragmentos los que construyen a cada uno de estos nueve condenados. Brazos, manos, piernas, bocas, ojos, pelo, orejas, se mezclan entre ellas y son todos y cada uno de ellos los que se esconden detrás de ese gesto de desesperación, de miedo, de dolor, de angustia, y al mismo tiempo no es ninguno de ellos. Así el escorzo se convierte en gesto aún más extremo, los rostros suman el sentimiento de todos ellos para formar una cara irreconocible por inexistente pero familiar por la sensación que nos evocan.

Nuevamente Germán Gómez demuestra que su personal estilo, esa forma de usar la imagen fotográfica como material para realizar unos trabajos que tienen tanto de fotografía como de pintura, que surgen del collage y que tienen un duro trabajo individualizado, un trabajo que convierte a cada una de sus obras en piezas únicas e irrepetibles, tiene muchas más posibilidades de las que tal vez alguien pensó con sus primeros trabajos. Y también nuevamente vuelve el artista en esta serie a tocar aspectos de la historia de la religión, una religión cargada de culpa y de la sombra del pecado eterno, una religión que sin duda nos ha convertido a todos en condenados.

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Texto del Catálogo: “Generación 2006. Premios y Becas de Arte Caja Madrid”.

Germán Gómez
1001… 1050 [serie “Fichados”]

En este proyecto (de carácter sociológico y conceptual), hablar sobre “fichados” equivale a hablar de sentimientos desde el punto de vista de la intimidad. Es una especie de “autorretrato histórico” inventado, una biografía en imágenes que se sirven de la piel de 50 personajes que han aceptado ser “soporte” para narrar mi vida.
El resultado final son 50 fichas policiales auténticas, formadas por otros tantos “fichados” que se han tatuado en su cuerpo un símbolo, una fecha o simplemente un nombre…
Las fichas, que están protagonizadas por tres retratos – uno frontal y dos laterales-, incluyen una lista de datos relativos a su aspecto físico, costumbres y detalles diversos como raza, acento, nivel cultural, indumentaria, corpulencia, tipo de peligrosidad, consumo de drogas…
El retrato fotográfico se complementa con uno “conceptual”. Ante la aparente dureza de las imágenes y la sordidez de las preguntas que formula el cuestionario de la ficha, surge un apartado que es el que da sentido al trabajo, desde el contrapunto. Está cargado de sentimiento, de pasión, incluso algunas veces de color. Aquel que hace alusión a las marcas externas, a los tatuajes. Estos tatuajes son un diario íntimo de cada uno de ellos. Mío.

 
 


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