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ARCO Madrid 2021 / Stand 7C 14

07/07/2021 - 11/07/2021
CARLOS LEÓN Háfrika, Black Moon, I y II. 2021. Acrílico sobre madera 250 x 200 cm. c/u. “Los títulos de estos cuadros: Háfrika, black moon, 1 y 2 , forman parte de un amplio proyecto expositivo, concebido e iniciado meses atrás, que bajo el título general de Háfrika, pretende evocar y rendir homenaje al enorme caudal de belleza, humanidad y tragedia que ese mencionado continente alberga en su inmensa dimensión geográfica. En este momento de mi carrera, a mis setenta años, me encuentro en la plenitud como artista. Podría decir que ahora estoy pintando como siempre he deseado y que el largo camino hasta aquí ha sido una búsqueda de mi yo creativo que veo plenamente reflejado en estas grandes superficies de madera. Son obras en las que me expreso con total libertad, libre de las imposiciones del mercado y de la crítica. Por fin soy yo mismo. Y soy feliz.“ Carlos León. ALBERTO BARAYA El pelele SP-1, 2021 Oleo sobre lino 202 x 170 cm. “Basado en la imagen homónima de 1792 de Francisco de Goya, El Pelele SP-1 propone una resignificación contemporánea sobre las relaciones irónicas que en su momento planteó el pintor español en su emblemática pintura. Esta obra hace las veces de inicio para las Automaquias, una atrevida serie de acuarelas donde las antiguas Tauromaquias goyescas se enfrentan a las máquinas Pegaso; propuesta industrial española que sirvió de autopromoción estatal durante los años cincuenta del pasado siglo XX.
 En El Pelele SP-1 las muchachas goyescas juegan alegres y se divierten con el muñeco de trapo, dando sombra al automóvil súper deportivo que en la actualidad funciona como símbolo de poder, prestigio y proyección sexual, propias de las campañas de promoción de las casas automotrices contemporáneas. “ Alberto Baraya. EDWIN MONSALVE Topofília. Río cobre, 2020 Carbón mineral y pan de cobre sobre tabla entelada. 150 x 300 cm. “La delimitación del territorio lleva consigo actos implícitos de poder que a su vez inciden directa o indirectamente en el ámbito ecológico, económico y político. Río cobre pertenece al proyecto Topofilia, una serie de obras que encarna mi amor por la tierra, el paisaje y el entorno y que suponen una reflexión sobre el maltrato medioambiental al que sometemos al planeta tierra. De manera conceptual me sirvo en su elaboración de una materia orgánica, el petróleo que, junto con el oro, la plata, el cobre y el carbón, actúa como elemento cohesionador de mi discurso artístico. Estas materias primas, a las que connoto de posturas políticas, ideológicas y culturales me sirven para posicionar al espectador frente a una realidad de sobreexplotación de los recursos naturales y de agresión contra el medio ambiente que habitamos.” Edwin Monsalve PEDRO CALAPEZ Barteleby dijo, 2020 Óleo y acrílico sobre aluminio 200 x 369 x 12 cm. “Guardo la pintura en mí. Como en ese dibujo de Odilon Redon de 1887, Le cœur a ses raisons en el que una mano penetra tu cuerpo, quizás para tocar tu corazón, para preguntarte, para sentir que estás vivo. Mil pinturas se superponen en cada obra. Mil imágenes han penetrado en mi corazón. La última capa, la que se estabiliza en la superficie percibida, finalmente se entrega a una mirada que ya no es la mía, como si encapsulara la intimidad de las otras pinturas que esconde. Es, pues, un frontispicio, una fachada, el lugar donde pueden suceder un sinfín de situaciones, pero solo aquellas que quedan por ver. Un color parece un tubo, un camino; seguidamente una caja se cierra o se abre. Una línea ofrece un horizonte y una transparencia simula un secreto. Pero el ojo se olvidará rápidamente de estas interacciones. La persistencia de su enfoque se encuentra en olvidar lo que ve. Pero todo se junta en una representación. Los múltiples y delgados planos de un pensamiento fugaz, una mirada casi inconsciente, se estratifican dentro de la sustancia del cuadro. La invisibilidad del cuadro se ubica en la nube donde me refugio, el lugar exacto del encuentro.” Pedro Calapez FEWRNANDO SINAGA Deuteroscopia. La segunda vista, 2008. Acero inoxidable y cristal dicroico laminado. 120 x 120 x 2 cm. c/u. “Como objeto históico, el espejo ha sido considerado desde la antigüedad un mediador, en el cual el hombre podía descubrir no sólo lo visible, sino también lo invisible y todo aquello que era desconocido para él. El ojo y el espejo estaban predestinados a construir la mirada, ya que la visión ha ido revelándose en el espacio y el tiempo hasta convertirse en la forma más alta y compleja de un saber donde lo indiscernible juega el papel de custodiar el enigma. El espejo asume, con su excepcional carga simbólica, ese papel de mediador entre la realidad y su imagen, pues nos introdujo el mundo a través de reflejos que, como en una aparición, irradiaban luz. Un conocimiento indirecto y diferido que nos ha obligado a considerar su imagen como un mensaje efímero y furtivo, que habla directamente y desaparece seguidamente de nuestra mirada para situarse inmediatamente en otra parte de la realidad. Como objeto de seducción inquietante y trastocador invierte la realidad convirtiendo lo derecho en izquierdo, cuestionando de esta forma con sus reflejos las nociones de imagen y parecido. El espejo aproxima, imita y ofrece una imagen, exacta e imperfecta a la vez de lo real. Su diferencia es algo que nos sugestiona, confundiéndonos y apoderándose de nosotros con su halo mágico y misterioso y como algo que proviene del más allá.” Fernando Sinaga