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JUAN CARLOS MARTÍNEZ. The Journey Continues. PHE 2019

13/06/2019 - 13/07/2019
... MIRAR CON DESCARO Y ALEVOSÍA (1). Frederic Montornés Lo digo sin reparos: yo fui uno de los que entró en contacto con Juan Carlos Martínez a raíz de su flujo de imágenes publicado en su muro de Facebook, allá por el año 2016. Y debo confesar que si lo que me atrapó, en un principio, fue la impudicia de su mirada congelando el cuerpo de diversos chicos en situaciones sugestivas, mi interés fue derivando hacia el modo en que los fragmentaba. El cuerpo de aquellos chicos, quiero decir. Es más: a medida que los iba observando, ya no me bastaba con consumir la provocación que emanaba de aquellas figuras de deseo sino que necesitaba entender qué pasaba por la cabeza de quien, agazapado, escondido, mimetizado o, quizás, invisible, se dedicaba a escrutar el mundo de aquel modo tan peculiar. Es decir, sin que le viera nadie. No sólo ellos. Se dice que la diferencia entre mirar y observar radica en la intención: se mira por el sentido de la vista pero se observa cuando se presta atención a lo que se está mirando. De modo que observar vendría a ser como examinar detenidamente. En base a esta explicación tan de Perogrullo se me antoja que el modo en que Juan Carlos aprehende el mundo es propio de quien no sólo dispara fotografías sino, sobre todo, de quien piensa, detenidamente, dónde pone la cabeza, el ojo y el corazón. O, para ser más preciso, de quien observa el mundo a través de la mirilla de un dispositivo confinando al ámbito de la imaginación lo que sucede al margen de sus límites y que sólo late con vida propia en el pensamiento de quien observa, analiza o lee. Como, por ejemplo, las fotografías de Juan Carlos Martínez. El arte no es sólo lo que dice (una obra) sino también lo que se deja decir. O lo que es lo mismo: no es sólo lo que vemos sino también lo que no se ve. Mostrando hasta cierto punto lo que pertenece al ámbito de la ilusión y entreabriendo la puerta a la realidad para que pueda penetrar nuestra curiosidad, Juan Carlos Martínez consigue provocar en el espectador el deseo de querer saber más acerca de su propósito como artista, del tratamiento que da a sus fotografías o de las circunstancias en las que sus imágenes se llevan a cabo. Porque no parece lo que son. Porque no parece lo que vemos. Ante una obra que, como la de Juan Carlos, atrapa al espectador por el secretismo de una naturalidad tan turbadora como desinhibida es tan difícil no sentirse interpelado como impulsado a imaginar qué tipo de historias nos cuenta el artista, qué sucede a su alrededor cuando dispara una fotografía, en qué medida sus imágenes son espontáneas o planificadas, qué hay de propio y singular en cada uno de sus encuadres o a qué se debe su habilidad para disparar en el momento oportuno. En base a preguntas que, como estas, asaltan al observador dispuesto a descomponer atentamente sus fotografías, podemos sospechar que lo que hay detrás de este "artista que genera imágenes" es un ser cuya creación se aproxima más a la labor de un sociólogo, un analista o un observador que a la de un mero aficionado a la belleza y la juventud. Si escribir es para el escritor un acto inevitable, también lo es para un fotógrafo la práctica fotográfica. Se trata, en ambos casos, de actividades que sirven para pensar. Dos actividades que en la medida en que atrapan el conocimiento, permiten airear lo que sacude al escritor o formalizar lo que el artista observa. Juan Carlos Martínez ha dicho en más de una ocasión que lo que le interesa, en verdad, es capturar situaciones fugitivas, realidades que sólo existen en el instante en que son vistas. Su obra, en consecuencia, vendría a ser como la salvaguarda de un universo efímero vinculado al interés de este artista por el funcionamiento de la mirada y la forma en que la realidad se muestra ante nuestros ojos, es decir, mirando sin ser visto, debiendo observar sin que se sepa, en suma, de manera escurridiza. A partir de esta premisa, Martínez perfila una serie de escenas que, a la manera de mundos imaginarios, se va construyendo en base a testimonios documentales, simulacros de vida y controversias capaces de colocar en su sitio epopeyas cotidianas que pueden pasar desapercibidas o bien hablar, por ejemplo, de los roles de dominación y sumisión en nuestra sociedad, de la distancia que existe entre lo que vemos y lo que imaginamos, de la distorsión de nuestro pensamiento a la que observamos detenidamente, de los límites que existen entre la intimidad y la privacidad, de lo frágil que es la frontera entre lo público y lo privado... de ese archivo que (todos) nos podemos construir si somos conscientes de que, casi siempre, nos fijamos en lo mismo, miramos en la misma dirección. Por mucho que cambiemos de contexto. Por mucho que vayamos de un lugar a otro. Porque somos lo que vemos. Tanto a través de escenas resbaladizas como de fotografías de apariencia insignificante en las que lo ausente no es sólo lo que no se ve sino, sobre todo, lo que despliega una conciencia luminosa de la realidad, la obra de Juan Carlos Martínez son documentos de un archivo que se expande en el tiempo y que, al combinarse entre sí interconectando imágenes de diferentes grupos, muestra la existencia de los matices que la singularizan. Con sutileza y sinceridad. No sólo con descaro y alevosía. __________ (1) "Una de las mayores satisfacciones de este trabajo era recibir el feedback del público del “Secret Photography Archive” que ha sido testigo de un flujo de imágenes que a diario le sacudían e invitaba de manera contundente e imperativa a mirar con descaro y alevosía. Así me lo han hecho llegar desde muchos lugares y por todos los medios. Las redes sociales han sido el escaparate, el soporte para su conformación..." Después de los puntos suspensivos termina la entrevista que le hacen a Juan Carlos Martínez en el nº72 de la revista Exit, dedicado a la masculinidad.